viernes, 17 de diciembre de 2010

LA OSA AZUL MAYOR, LA ESTRELLA GUÍA DE LA RAZA AZUL DE PLÉYADES, Y DE NUESTROS CORAZONES ANHELANTES DE PLASMAR LOS LOGROS QUE ABRAZAMOS

Por fin habíamos llegado hasta la Raza Azul, la raza de mi esposo Cólnemar. La raza más esquiva, pero la que más nos iba a aportar, más osamayoralegría, más sentimiento de justicia, más renovación interior, más sentimiento de plenitud. Esta raza nunca se hace notar, espera el momento justo hasta salir a escena, pero cuando lo hace, tiene la palabra exacta, y, lo que es mejor, te hace sentir la experiencia de conciencia, la conciencia ponderada, equilibrada, que sostiene. Esta Raza Azul habita en la estrella Maya de las Pléyades, es la Estrella que pulsa la Ponderación de la Conciencia, el rítmico fluir entre la concepción de lo que se anhela plasmar, y su plasmación manifiesta.

Cuando Cólnemar volvió a mi vida –hace unos meses que le había recordado, pero aún no estábamos Igneón y yo lo suficientemente maduros en conciencia, para que se revelara ante nosotros como lo ha hecho ahora, en el esplendor de su conciencia, ya que es el Rey de la Raza Azul de la Estrella Maya- no sospechaba que me iba a alegrar tanto, tanto de nuestro reencuentro.

Con él apareció la Osa Azul Mayor, que es el animal que simboliza a esta singular raza, la raza que supone el fiel de la balanza para mantener equilibradas al resto de las razas. A esta raza nunca se la puede engañar, pues la experiencia de su conciencia la permite valorar todo y a todos desde la realidad que manifiestan.

Cuando le dije a Igneón que estaba viendo a una Osa Azul y que en su cola tenía un pequeño punto de luz que me llamaba mucho la atención, él me comentó que los osos se basan en ese sentir que combina tierra con lo estelar (conciben el logro y lo plasman de forma rítmica); manejan el tiempo (saben actuar en el momento justo), logrando siempre así lo que se proponen.

Osa Azul Mayor: Soy la Osa Azul que tiene para compartir la experiencia de la conciencia, expresada a través de mi; el ser salvaje, indómita, siempre unida a mi instinto, que me guía a cada momento.

Nunca especulo en mi actuar, siempre rítmico, del sentir. Un sentir sobre el que se asienta esta porción de la conciencia –la Raza Azul- que habita en Pléyades y que tan bien se relaciona conmigo.

A simple vista, aparento ser tosca, simpática y de movimientos por demás bruscos; pero nada de eso es verdad. Tosca, porque mis métodos son directos; de movimientos bruscos, porque el volumen de mi cuerpo me muestra así, pero en ese cuerpo tan fibroso, habita la agilidad.

Soy simpática pero en mi conciencia, porque es desde ella desde donde me muevo, actúo y muestro, combinando los ritmos de mi sentir con los de mi actuar, en el tiempo justo, el momento indicado, lo que me hace tan certera.

Claramente no soy esa constelación que lleva mi nombre (Osa Mayor), pero dadas todas las cualidades de conciencia que he nombrado, nada es más certero que mi nombre para orientar a quien se abra de corazón a recibir mi guía pues sé, mejor que nadie, los pasos de conciencia que conducen al logro, en el momento preciso en que todos los involucrados en una situación están maduros para dar lo mejor de sí, y recibir lo mejor de los demás.

Soy la Osa Azul Mayor y detrás de mí viene la Osa Menor. Ella simboliza a cada conciencia que, en humildad, reconoce su lugar y sin resistencias se deja llevar por la sabia guía de la experiencia de la conciencia. Es así como tiene muchas más posibilidades  de llegar a destino, de concretar el logro, de convertir el anhelo en su más tangible realidad.

Soy la Osa Mayor Azul que ante la conciencia humana de Tierra de 3D, estoy apenas despertando de mi hibernación de conciencia.

Mmm, ¡qué rico huele ahí afuera de la cueva; cuánta maravilla  por experimentar guiada sabiamente por su verdadero sentir!

Rowina: ¿Qué significa el punto de luz en tu cola?

Osa Azul: Su significado está en el interior de cada ser. Yo sólo lo muestro; está en la parte trasera de mí, en mi cola, no es muy intenso y siempre está conmigo, siempre sigue mis pasos.

Igneón: Para mí simboliza la conciencia que se ha despertado tenuemente, pero de forma constante, que sigue la sabia guía del sentir, que es la que en verdad te orienta.

Osa Azul: La Manifestación del logro, anhelado en nuestro corazón, se produce en el momento adecuado, y no se puede forzar; verdaderamente sucede cuando ha alcanzado la madurez óptima y puedo asegurarte que ese es el mejor momento para todos los involucrados. El secreto, si es que lo hay, radica en sentir serenamente que estás madura para conseguir tu logro, y tú, querida mía, mejor que muchos otros, sabes sentir cuándo es así, porque lo percibes con claridad. Sientes que estás madura ya en tu conciencia y entonces manifiestas claramente esa madurez en el hecho concreto de manifestar lo que tu conciencia ha anhelado. Tu sentir es muy certero, déjate guiar por él.

Recuerda, Rowina, el momento de la concreción del logro es sólo uno y es el mejor para todos los involucrados. Es así como podrás comprobar que la conciencia ponderada, equilibrada rítmicamente entre la concepción del logro anhelado y su plasmación en la materia, es siempre ganancia en tu vida manifiesta.

Rowina: Pues muchas gracias querida Osa Azul Mayor y ¡que así sea!

LA LEYENDA DE LA OSA MAYOR

Esta leyenda nos habla del tesoro que es esta Osa, que brilla en el cielo para alumbrarnos el camino hacia los logros más acariciados en nuestro corazón.

Hacía mucho tiempo que la lluvia no regaba la tierra. El calor era tan fuerte y estaba toda tan seco que las flores se marchitaban, la hierba se veía seca y amarillenta y hasta los árboles más grandes y fuertes se estaban muriendo. El agua de los arroyos y los ríos se había secado, pozos estaban yermos y las fuentes cesaron de manar. Las vacas, los perros, los caballos, los pájaros y la gente se morían de sed. Todo el mundo estaba preocupado y deprimido.

Había una niñita cuya madre cayó gravemente enferma. -Oh!-dijo la niña-, estoy segura de que mi madre se pondría buena de nuevo si pudiera llevarle un poca de agua. Tengo que encontrarla. Así que cogió un pequeño cucharón y salió en busca de agua.

Andando, andando, encontró un manantial diminuto en la lejana ladera de la montaña. Estaba casi seco. Las gotas de agua caían muy lentamente de debajo de la roca. La niña sostuvo el cucharón con cuidado para recoger aquellas gotitas. Al cabo de mucho, mucho tiempo, acabó de llenarse. Entonces la niña emprendió el regreso asiendo el cazo con muchísimo cuidado, porque no quería derramar ni una gota.

Por el camino se cruzó con un pobre perrito que aduras penas podía arrastrarse. El animal jadeaba y sacaba la lengua fuera de tan seca que la tenia. -Oh, pobre perrito -dijo la niña-, qué sediento estás. No puedo irme sin ofrecerte unas gotas de agua. Aunque te dé un poco, todavía quedará bastante para mi madre. Así que la niña derramó un poco de agua en la palma de su mano y se la ofreció al perrito. Éste la lamio con avidez y se sintió mucho mejor. El animal se puso a brincar y a ladrar, talmente como si dijera: -Gracias, niña! Ella no se dio cuenta, pero el cucharón de latón ahora era de plata y estaba tan lleno como antes.

Se acordó de su madre y siguió su camino tan rápido como pudo. Cuando llegó a casa casi había oscurecido. La niña abrió la puerta y se dirigió rápidamente a la habitación de su madre. Al entrar, la vieja sirvienta que había trabajado durante todo el día cuidando a la enferma se acercó a ella. La criada estaba tan cansada y sedienta que apenas pudo hablar a la niña. -Dale un poco de agua -dijo su madre-. Ha trabajado duro todo el día y la necesita más que yo. La niña acercó el cazo a los labios de la sirvienta y ésta bebió un poco; en seguida se sintió mejor y más fuerte, se acercó a la enferma, y la ayudó a enderezarse. La niña no se percató que el cucharón era ahora de oro y que estaba tan lleno como al principio. La pequeña acercó el cazo a los labios de su madre y ésta bebió y bebió. ¡Se encontró tan bien! cuando terminó, aún quedaba un poco de agua en el fondo.

La niña iba a llevárselo a los labios cuando alguien llamó a la puerta. La sirvienta fue a abrir a apareció un forastero. Estaba pálido y cubierto de polvo por el largo viaje. -Estoy sediento -dijo-. ¿Podrías darme un poca de agua? La niña contestó: -Claro que sí, estoy segura de que usted la necesita mucho más que yo. Bébasela toda. El forastero sonrió y tomó el cucharón. Al hacerlo, éste se convirtió en un cucharón hecho de diamantes. El forastero dio vuelta al bebedero, y el agua se derramó por el suelo. Y allí donde cayó, brotó una fuente. EL agua fresca fluía a borbotones en cantidad suficiente como para que la gente y los animales de toda la comarca bebieran tanta como les apeteciera. Distraídos con el agua se olvidaron del forastero, pero, cuando lo buscaron, éste había desaparecido. Creyeron verlo desvanecerse en el cielo, y, en efecto, allá en lo alto del firmamento destellaba algo parecido a un cucharón de diamantes. Allí sigue brillando todavía para recordar a la gente a esa niña amable y generosa.

Es la constelación que conocemos por la Osa Mayor.

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