lunes, 13 de diciembre de 2010

CEREMONIA DE RECONOCIMIENTO DE LA ESENCIA DE LOS NIÑOS LEMURIANOS (LO MÁS PARECIDO A LA PRIMERA COMUNIÓN DEL MUNDO CRISTIANO)

Es muy deseable que los padres de nuestros niños actuales, hagan una profunda toma de conciencia de las ceremonias que están pautadas por la sociedad y que se hacen más por algo bonito a nivel exterior, como lucir el traje o que te hagan regalos por tu Primera Comunión, que por tener un profundo significado, vivido, eso sí, con la alegría propia de los niños de esa edad.

el don de los niñosNuestra querida Sinlin tiene una hija de 9 años, edad en que se suele hacer la Primera Comunión. Ante la pregunta de su hija de por qué no podía hacer su Primera Comunión con sus amiguitas, Sinlin recordó todo lo que sucede en torno a ella, la carga de mentira que lleva esa celebración y recibió un mensaje de su amiga Melissa, la hija de Mewlin, la Dama Lemuriana que mantiene fluido el sentir dinámico lemuriano, en el que le contaba una celebración parecida a la Primera Comunión de la Tierra, pero con un profundo significado tanto para los niños que la protagonizaban, como para los adultos que les acompañaban.

SINLIN NOS CUENTA…

Por estos días en mi país, Colombia, además de celebrar la Navidad, también se acostumbra, dentro del catolicismo, celebrar de manera masiva la Primera Comunión y mi hija de 9 años está en la edad en que esta celebración se lleva a cabo.

Ha estado preguntado él porque ella no la está haciendo, como sus demás compañeritos de colegio, pues desea vestirse como una princesa, que son el tipo de vestidos que se acostumbran a llevar en la Primera Comunión, de color blanco por lo general.

Le he explicado que yo no participo de este tipo de ceremonias religiosas ni de nada religioso, totalmente impregnado de mentira.

Hoy me levanté pensando en ello, porque una amiga de mi hija le invitó a compartir con ella la celebración de su primera comunión (a nivel católico). Recordé la ceremonia, lo que te dicen en ella, la preparación previa que se hace, en fin, luego terminé conversando con Melissa, una gran amiga de la Antigua Lemuria, quien ha llegado a mi memoria por estos días.

Me contó de una bella ceremonia que hacían en aquel entonces con los niños que iban llegando a cierta edad. La llamaban la CEREMONIA DE RECONOCIMIENTO DE LA ESENCIA; era una celebración muy especial y era para ambos sexos, niñas y niños, y se hacía de manera grupal.

CEREMONIA DE RECONOCIMIENTO DE LA ESENCIA PARA LOS NIÑOS LEMURIANOS

Cuando la niña o niño llegaba a cierta edad se le hacía un reconocimiento de su esencia, no era porque no se supiera su esencia y su don; sino, porque se hacía un reconocimiento a nivel general, es decir, para toda la comunidad.

Se reunían todos en una bella ceremonia dirigida por el sacerdote principal y su esposa, la sacerdotisa, celebrada en el templo especial para este tipo de ceremonias o ritos. La ceremonia la dirigían ambos en común-unión, porque ella es quien le potenciaba, es decir, no había sacerdotes masculinos sin un femenino a su lado, esto no era posible porque el femenino es consciencia y es quien impulsa, potencia y logra ordenar al masculino. Los hombres claro que podían ocupar posiciones de alto nivel, más siempre de la mano del femenino, de la conciencia.

Esta ceremonia era la presentación de estos niños a la comunidad, en la que se les reconocían -de forma pública- sus esencias y los dones que portaban y que aportarían al conjunto.

Era toda una festividad, nuestros niños y sus familias se engalanaban para la ocasión, y era como un ritual de paso de la niñez a otro nivel.

Esta ceremonia se hacía para dejar atrás el niño pequeño, y pasar a un nivel donde ese niño tenía ya un mejor equilibrio y reconocimiento de quién era, de sus dones y de los momentos a aplicarlos y cómo hacerlo en total orden en sí mismo, más en otros aspectos, seguía siendo niño.

Era una ceremonia o ritual de reconocimiento. Los niños, para llegar a este ritual, debían tener una preparación previa, que se les daba para que tuvieran una comprensión más amplia de lo que se hacía en el ritual, el por qué y lo que ello significaba y claro, la responsabilidad que habían de tener y mostrar de ese momento en adelante; aunque desde pequeños esto se les inculcaba ya.

Sinlin: Esta ceremonia me recuerda de alguna manera a la Primera Comunión que se celebra entre los católicos.

Melissa: Si, sé a qué te refieres, pero siento que vuestra celebración es un ínfimo recuerdo de lo que en verdad fue la presentación ante la comunidad de las esencias y dones de los niños.

La nuestra era una ceremonia hermosa de reconocimiento y festividad. Toda la comunidad participaba y también había regalos para los niños. Estos regalos eran útiles para ellos y se les daban de acuerdo a su esencia, eran gemas potencializadoras o equilibradoras de sus energías, eran piedras muy bonitas y todos tenían una.

Cuando de niños pasábamos por esta ceremonia, nos las obsequiaban, más cuando íbamos creciendo, ya no las necesitábamos y se convertían en un bello recuerdo para todos, creo que no había persona que no conservará su gema.

Anda Sinlin, recuerda la tuya, estoy segura de que sabes cual fue tu gema.

Sinlin: Así es, sé cual es, fue una malaquita verde, es la gema que me representa.

Melissa: Sí, esa es. Esta ceremonia era hermosa y representaba mucho para los niños. Allí, en cada corazón, en cada uno de nosotros, estaba la Madre presente y había un momento en que nuestro gozo era enorme, porque nuestros corazones se volvían uno con ella misma.

Sinlin: Gracias, Melissa, por tan bello recuerdo, es una ceremonia muy hermosa y significativa para los niños y sus padres, para toda la comunidad también.

Melissa: Si, nuestra civilización vivía en equilibrio y armonía, todos recibían, porque todos aportaban, todo se vivía en su justa medida.

Rowina: Qué hermoso que entre todos vayamos recordando lo que es la Vida Verdadera. Lemuria estaba sembrada de los dones pleyadianos, que permitían vivir en aquella floreciente civilización, -la civilización ordenada en la Verdad y el Amor más cercana a la nuestra- en equilibrio y armonía.

Eso es lo que entre todos los pleyadianos encarnados en la 3D, estamos trayendo de vuelta a la Tierra, haciendo cada gesto cotidiano y cada momento de nuestra vida, como es armar el Árbol de Navidad o hacer la primera Comunión, de forma significativa, viviéndolo de forma sagrada y con conciencia. Es el mejor regalo que le podemos dar a nuestros hijos, que todo lo que hagamos, sea vivido en profundidad y conciencia, que es lo que proporciona una verdadera alegría al revivir el recuerdo de esa hermosa vivencia.

La semana pasada, Igneón fue el padrino de Confirmación (que se hace a los 15 años, para confirmarse en la fe católica) de uno de sus ahijados. Aceptamos la invitación para asistir a esa Confirmación, porque ese muchacho quiere entrañablemente a Igneón, y le considera un adulto referente para él.

Fue muy divertido asistir. Yo era la primera vez que asistía a un evento como ese, había asistido a la Primera Comunión de varios niños y niñas (entre ellas la mía propia, que hice a los 7 años), pero nunca a una Confirmación.

Los padres habían animado al muchacho a hacer esa Confirmación en la fe católica, porque la iba a hacer con otros muchachos que habían ido al colegio con él, era una forma de hacer algo con ‘valores’. Si bien la religión católica, por las canciones que canta el coro (con instrumentos variados y coloridos) y por fomentar la ayuda de los chicos en todo lo que se hace en la misa, fomenta más valores que los que sostiene la sociedad actual en la que vivimos, también fomenta la inconsciencia, porque ningún muchacho de esa edad, en plena pubertad, con las hormonas a mil, tiene el ‘asentamiento’ de su fe como para saber si quiere servir a Jesús y morir por ello si fuera necesario, como les hacían repetir durante la misa de Confirmación.

Igneón pulsó la Verdad con todas sus fuerzas, y cuando acompañó al muchacho a que fuera bendecido por el obispo, en lugar de entregárselo a Dios, como su padrino que era, se lo entregó a la Madre Amor, para que estuviera dentro de las filas del sentir más genuino.

Yo, por mi parte, pulsé con fuerza el Amor Viviente que encarno y lo extendí por todas aquellas personas, que tenían un deseo genuino de que sus hijos hicieran algo diferente, algo que les diera más valores, quizás como recuerdo inconsciente de los ritos de paso de la adolescencia a la juventud madura, ritos de paso, que como el de la Primera Comunicón que nos ha relatado Sinlin, procedente de la Antigua Lemuria, eran ceremonias que ayudaban mucho a sus protagonistas a tomar conciencia de los cambios que se iban operando en sus vidas.

Como algo gracioso, os cuento que a la salida de la misa, y mientras estábamos al sol esperando a que los padres de los muchachos compartieran unos alimentos que habían traído como ofrenda para ese acto, vino el obispo, ya vestido de calle, y le dio la mano a Igneón, la Verdad de la Madre y a mí, la encarnación de su Amor, ¡me plantó un beso! Así que nos quedamos muy satisfechos, porque sentimos que el representante del patriarcado religioso, el actual Culto al Dios de la Biblia, un patriarca ya obsoleto, con ese gesto hacia Igneón y hacia mí, daba la bienvenida a la Cultura de la Diosa, en la que la conciencia, que es femenina, porque representa al sentir, guía a la inconsciencia, a la mente, que es masculina, para que el resultado sea hermoso, bueno y verdadero para TODOS los involucrados.

¡¡¡Que así sea!!!

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